Las miocarditis pueden ser una “complicación potencialmente letal de la vacunación de ARNm anti-SARS-CoV-2”

Estimados miembros de Akasha Comunidad:

En estos tres años hemos “normalizado” tantas cosas que en realidad no son normales, y lo hemos hecho con tanto ahínco que si viajara del pasado a 2023 alguien desde el 2018 (solo 5 años atrás), me parece que pensaría que nos volvimos locos. Y lo peor es que tendría razón. En estos tres años “de pandemia” se ha desarrollado un miedo patológico por el catarro común, se ha alcanzado estatus de dogma de fe el que una tela sobre nariz y boca pueda detener partículas virales suspendidas en aerosoles, se ha redefinido el concepto de vacuna, y ahora incluye terapias génicas y ya no es necesario que protejan del contagio, y la gente se aplica tres o más productos iguales al año, a pesar de que su salud pueda estar cada vez peor como consecuencia de dichos productos, y a pesar de que es evidente que no sirven (si no, ¿para qué se las siguen poniendo?).

Me imagino a nuestro viajante-en-el-tiempo azorado al ver que en este aciago presente, a varios les parece normal ponerse un cubrebocas mientras manejan y aunque vayan solos y con las ventanas cerradas (supongo que algunas de estas personas también se ponen un preservativo para dormir solos en su cama, no vaya a ser la de malas).

Hemos normalizado el que haya temas de conversación prohibidos (sin que se trate de política, religión o fútbol; ahora hasta la inmunología es tema controversial). Hemos normalizado el que el estatus vacunal sea factor de rompimiento de relaciones, incluso familiares. Hemos normalizado que entre nosotros y otros, por ejemplo, en una tienda, nos separe una lámina de plástico, que aunque no llegue al techo ni se extienda a los lados, pareciera, en la mente de algunos, funcionar como una suerte de ‘amuleto protector’ contra los virus, y que logra – ¿será por magia? – detener los movimientos de partículas pequeñitas y aerosoles. Algo así como un ‘detente‘ de plástico que opera su acción contra nano organismos.

Se ha normalizado el tener que cargar cartillas de vacunación y mostrarlas (algunos hasta con orgullo) para entrar a una consulta médica, al trabajo, a la escuela, al cine, a un estadio, a un restaurante, a un bar, a pesar de tratarse de información médica confidencial y privada… a pesar de que estar inoculado no significa nada, en términos de salud pública (no así como en términos de sumisión y obediencia), ya que tanto inoculados como no inoculados pueden infectarse y pueden contagiar si se infectan y enferman (independientemente del hecho de que se trate de un virus que, francamente, a estas alturas del partido, en verdad da igual si te infectas o no, dada su extremadamente baja letalidad).

Hemos normalizado el que gente sana, sin síntoma alguno de un resfriado, corra a hacerse una prueba diagnóstica porque el día anterior estuvo con alguien que, sin tener síntoma alguno de un resfriado, corrió a hacerse una prueba diagnóstica y salió “positivo” a un virus para el que nunca fue validada dicha prueba contra un estándar (clínico) real y de valor diagnóstico. ¡De locos de remate!

Me pregunto ¿qué pensaría nuestro viajero temporal sobre cómo hemos normalizado la muerte súbita de gente sana, joven, deportista, sin factores de riesgo? A muchos ahora les parece normal que la gente muera de un segundo a otro, sin tener historial médico relevante. Supongo que la normalización es influenciada por las aseveraciones (que carecen de sustento) de influencers médicos, y dentistas, que dicen que ‘fue mala suerte’, que ‘siempre ha muerto gente sana de forma repentina’ (supongo que en una de esas van a explicar que hasta los griegos antiguos sabían que uno podía morir de forma repentina si Zeus lo fulminaba) o dirán que su muerte fue debido al cambio climático o al síndrome del corazón feliz (https://www.webmd.com/heart/news/20220505/broken-heart-syndrome-also-linked-to-happy-hearts). Lamentablemente, el humano siempre ha buscado explicaciones rápidas para aquello que no quiere comprender realmente, porque hacerlo sería demasiado doloroso, complicado o peligroso.

El asunto es que no, no es normal lo que hemos normalizado. No es normal que muera “así nomás” gente sana. ¿Cómo podemos normalizar esto? ¿Cómo pueden hacerlo los médicos? Simplemente no lo entiendo. ¿Será que el humano ya perdió completamente su brújula interna? Comprendo perfectamente que el que un colegial inoculado muera repentinamente (https://diariocorreo.pe/edicion/chimbote/joven-muere-dentro-del-polideportivo-de-la-universidad-nacional-del-santa-nuevo-chimbote-peru-noticia), no significa que haya sido consecuencia de la inoculación. No. Podría ser otra cosa, y tendría que investigarse, pero también podría ser que sí haya ocurrido la muerte como una consecuencia de lo que contenía esa inyección, porque ya tenemos muchos estudios que demuestran los mecanismos de causalidad y plausibilidad biológica que asocia el ARNm sintético, la proteína Spike y la respuesta inflamatoria sostenida que se genera luego de la inoculación, al daño al endotelio y a las células musculares del corazón (aquí he compartido muchas de esas publicaciones). Decir que sucumbió por el cambio climático o porque sufrió del síndrome del corazón feliz es tan absurdo como decir que murió porque Zeus lo volteó a ver de mala manera. En ninguno de los tres casos hay prueba alguna de ello. En contraste, no es descabellado plantear que pudo haber contribuido la inoculación a esa muerte repentina. Por un lado, porque cada vez hay más casos semejantes en jóvenes inoculados, por otra, como dije arriba, porque se tienen ya estudiados varios mecanismos de daño de estos productos. Pero, más importante, porque hay formas de determinar si se trató de daño por la inoculación si se practican autopsias de forma adecuada, con las pruebas específicas para ello.

Hoy quiero compartir con ustedes un estudio reciente (de finales de noviembre, 2022) escrito por Schwab y colaboradores (https://link.springer.com/article/10.1007/s00392-022-02129-5#Sec3) y titulado (traducido del inglés) “Caracterización histopatológica a la autopsia de miocarditis luego de la vacunación anti-SARS-CoV-2“.

Lo que hicieron Schwab y colaboradores (https://link.springer.com/article/10.1007/s00392-022-02129-5#Sec3) fue describir los hallazgos a la autopsia de 25 personas sanas que recibieron las inoculaciones anti-SARS-CoV-2 y que murieron inesperadamente en los 20 días siguientes a haber sido inoculadas. De estas 25, cinco presentaban evidencia de daño al corazón. Eso es alto, un 20% de muertes súbitas debido a daño cardíaco. En cuatro de esas cinco personas que recibieron la inoculación de ARNm sintético identificaron miocarditis aguda sin que se observara ninguna otra enfermedad o alteración de la salud que pudiera explicar su muerte. Casi puedo imaginar la cara y la voz de algunos proselitistas del sistema, diciendo “pero solo fueron cuatro personas y se han inoculado a miles de millones“. Pero no, no funciona así la lógica. En este estudio, tuvieron acceso los autores a los registros de autopsias y biomateriales de Baden-Württemberg (Alemania), un registro federal que tiene información detallada de pacientes que han muerto por/con una infección por SARS-CoV-2 o en los treinta días posteriores a recibir la inoculación anti-SARS-CoV-2. Tenían en el registro a 54 personas que murieron, y de esas 54, 35 habían muerto luego de haber sido inoculadas. Es decir, su ‘universo’ es de 35, no de miles de millones, y de esas 25 se confirmó luego de análisis detallados post-mortem (luego de haber muerto) que su muerte no tenía ninguna explicación más que la “vacuna”. De los 35, 25 no tenían ninguna explicación para su muerte que no fuera la vacuna (es decir, el 71%). Y de esos 25, cinco presentaban daño en el corazón (ninguno de ellos con historial médico de daño cardíaco), y luego cuatro de cinco casos tenían evidencia de daño cardíaco que no se asoció a ningún patógeno (hicieron análisis de enterovirus, parvovirus B19, herpesvirus humano 6, virus Epstein–Barr, cytomegalovirus, varicella zoster, herpes simplex virus tipo 1 y 2, herpesvirus humano 7, adenovirus, Borrelia spp., Toxoplasma gondii, y no encontraron nada (solo uno de los cinco tenía pocas copias de ADN de herpesvirus humano 6, así que les llevó a considerar que la miocarditis que le provocó la muerte pudo haber sido ocasionado por el virus, y no por las inoculaciones de ARNm sintético). Es decir, que en el 80% de los casos de muerte repentina con afectación del corazón en gente sana vacunada, la causa más probable y plausible fue la vacuna misma. El análisis histológico permitió ver infiltración de linfocitos T en las células musculares asociado a daño al músculo cardíaco y la muerte fue debido a falla cardíaca aguda arritmogénica (es decir, que les ocasionó arritmias).

Los autores del estudio (https://link.springer.com/article/10.1007/s00392-022-02129-5#Sec3) concluyen que las miocarditis pueden ser una “complicación potencialmente letal de la vacunación de ARNm anti-SARS-CoV-2“. Este punto me parece importante, aunque no es exactamente el hilo negro, porque ya se sabe, desde hace muchos años, que las miocarditis pueden ser letales (aunque varios médicos – y dentistas – influencers se la han pasado diciendo que no, que es leve, que las miocarditis son casi como un catarrito, en realidad no lo son; las miocarditis pueden ser letales y siempre dejan secuelas (de hecho, la tasa de supervivencia de un adulto joven con miocarditis es relativamente baja en los siguientes cinco años de haberla presentado), porque las células musculares del corazón no pueden regenerar, así que queda tejido fibrótico en su lugar, con consecuencias al bombeado de sangre del corazón). Aclaro que ninguno de los casos tenía historial de haberse infectado de SARS-CoV-2 desde que inició la pandemia (no vaya a ser que algunos perspicaces vociferen que se trata de un efecto del ‘COVID largo’) y fueron negativos a la prueba en todos los tejidos analizados durante la autopsia.

Algo muy interesante del estudio es que notaron focos de inflamación de forma predominante en el lado derecho del corazón, lo que sugiere que se debió a un efecto de dilución gradual de la inoculación en el flujo sanguíneo, por lo que especularon los valientes autores que se pudiera deber a “una inyección [de la vacuna de ARNm sintético] intravascular inadvertida”. En otras palabras, que las copias del ARNm sintético y sus nanolípidos contenidos en el vial se fueron a la sangre, lo que puede pasar cuando no se inyecta adecuadamente, asegurando que no se está en un vaso sanguíneo.

Eso sí, no podía faltar el ya característico mea culpa de los artículos que se atreven a decir que estos productos están ocasionando daño. Los autores dicen al final: “No podemos dar una prueba funcional definitiva o liga causal directa entre la vacunación y la miocarditis. Estudios futuros y registros extendidos son necesarios para identificar a la gente con riesgo para este evento adverso potencialmente fatal, y podría ser de ayuda tener análisis clínicos, serológicos y moleculares que estaban más allá del enfoque de este estudio. Considerando que este evento adverso fatal puede afectar a individuos sanos, estos registros y programas de monitoreo podrían ayudar a mejorar el diagnóstico temprano, el monitoreo cercano y el tratamiento“. Sí, es un cierre tibio, pero no los culpo; probablemente no les hubieran publicado el estudio si hubieran sido más directos.

Lo rescatable es que al menos dejan en claro que esto, la miocarditis por inflamación linfocitaria en personas inoculadas sanas, que no tienen ninguna causa predisponente de la muerte, más que el haber recibido esas inoculaciones, existe. Si los médicos no reconocen siquiera que existe este evento adverso, está difícil que se lleven a cabo los registros y programas de monitoreo que podrían ayudar a mejorar el diagnóstico temprano, el monitoreo cercano y el tratamiento. En ese sentido, el Cuadro 1 del estudio de Schwab y colaboradores (https://link.springer.com/article/10.1007/s00392-022-02129-5/tables/1) me parece importante para que los médicos lo conozcan, sobre todo en el contexto de las personas que están recibiendo más y más dosis de refuerzos.

Espero que esta información les sea de utilidad y les saludo, Karina AW

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